La odisea del cuarto héroe: Capítulo I.
¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?
Escuela, amigos, pareja; todo esto es estresante. Claro, ella me acaba de botar, frente a todos, he tenido una pésima calificación en una evaluación importante, y mis padres no han dejado de fastidiarme con que piense en mi futuro.
Como sea, todo eso ha pasado a segundo plano, y posiblemente no vuelva a pensar en aquello jamás.
Todo comenzó en el séptimo día después de mi graduación, el quinto día consecutivo en el cual no salía de mi habitación. Dormía durante el día y satisfacía mis necesidades básicas durante la noche; después de todo estaba triste, pero no era motivo para no comer e ir al baño.
Durante aquella noche todo era muy normal y tranquilo. Ya todos dormían, y yo moría de ganas de beber un café como acostumbraba diariamente.
Allí comenzó todo.
La cocina de mi hogar era bastante pequeña, un pasillo ancho con una puerta al final que daba con el patio trasero. La fregadora y el horno estaban del lado derecho de la habitación, mientras que unos muebles se situaban del lado opuesto de éstas. Encendí el hervidor y me apoyé contra el muro mientras esperaba que el agua se calentara.
De pronto me percaté de que la puerta al final de la cocina estaba semiabierta. Un sudor frío recorrió mi espalda por un momento; sin embargo, algo me impulsó a ir a chequear si había algo anormal allí fuera. Inspeccioné todo el patio trasero (suelo ser bastante meticuloso en mis asuntos).
En fin.... no había nada.
El nerviosismo no se iba de mi cabeza.
Al regresar a la puerta de la cocina, me percaté de que había un trozo de leño justo en la entrada.
¿De verdad estuvo allí todo el tiempo?
Lo recogí sin vacilar, y en palabras hechas con quemaduras decía: "¿Estás listo para mañana? Asegúrate de despedirte".
Rápidamente acudí a la habitación de mis padres a preguntarles si habían hecho algo raro, pero claro, solo dormían profundamente, casi como si me ignorasen apropósito. Me resigné y volví a lo mío.
Al día siguiente mi madre prácticamente me sacó de la casa, diciendo que estaba harta de verme así, que saliera con mis amigos y cosas por el estilo. Finalmente terminé caminando sin rumbo por el centro de la ciudad, simplemente observando a las personas vivir una vida sin sentido.
-Al fin y al cabo, no es mi problema- murmuré al aire mientras caminaba hacia la costa.
Estaba todo tranquilo, hasta que divisé a una joven correr en sentido contrario a mí. Juraría que, por un momento, al cruzarnos, atravesó mi cuerpo... pero no; ¿siquiera era posible? Impactado, volteé hacia atrás para ver mejor a la chica. Creí que me estaba volviendo loco. Ella llevaba un vestido blanco con franjas azules, que le llegaba hasta la rodilla; un peto al más puro estilo de combate, y unas botas aparentemente metálicas. La chica no medía más de 1.50, en mi opinión.
-¿Acaso está haciendo algún tipo de cosplay?- pregunté en voz alta.
Al terminar la frase las personas a mi alrededor me miraban bastante extrañados, como si yo estuviera alucinando.
-¿Estás bien, chico? ¿Qué miras?
Ni siquiera respondí. Estaba inmerso admirando a la niña, la cual, en caso de ser una cosplayer, parecía hacerlo de manera profesional. ¡Incluso su cabello plateado lucía real!
Sin embargo me llamó un poco la atención aquella expresión preocupada que llevaba. Estaba demasiado cerca de la orilla del mar; de resbalar o tropezar, sufriría una caída de unos 6 metros de altura
-¿Es que acaso piensa lanzarse al mar?- grité, alarmado.
Las personas a mí alrededor miraron curiosamente hacia donde yo veía, pero su reacción fue bastante extraña, como si no pudieran verla. En ese momento entré en pánico. La chica, sin pensarlo, cayó de espaldas hacia el mar. No lo pensé; corrí lo más rápido posible hacia ella.
En cuanto recuperé la cordura, estaba cayendo de cabeza en el agua.
Ya dentro, solo pensaba en salvar a aquella persona; era algo impulsivo, no podría explicarlo.
El peso del agua me arrastraba sin piedad hacia abajo, me hacía pensar en qué tan profundo era. No debería de serlo tanto, pero juraría que me hundía a una velocidad vertiginosa. Pareció durar más de un minuto.
Finalmente la encontré: casi inconsciente y sin moverse. Desde mi ángulo sólo podía ver su espalda. Sujeté de ella tan fuerte como pude, e intenté dar la vuelta con todas mis ganas, pero no lo logré. Seguía hundiéndome, ahora junto a la joven que intentaba salvar.
No podía creerlo. ¿Ahora la arrastraba a una muerte horrible junto a mí?
Al fin creía estar llegando a lo que, pensé, era el fondo, y de pronto, allí estaba, admirando el tierno aire entrando por mis pulmones. Tenía la cabeza fuera del agua, la caricia del oxígeno dentro de mí me hizo sentir que estuve bajo el agua por una eternidad.
Busqué la orilla más cercana y me postré en el suelo junto a la chica.
Luego de unos minutos pude ver que algo extraño estaba ocurriendo junto a mí. ¿Desde cuando había un bosque cerca de la ciudad? No era el mar desde donde había salido, sino una laguna hermosa y cristalina, de un tono verdoso. En lo que apreciaba este nuevo entorno, no podía de dejar de sentir emoción.
-¿Esto realmente está ocurriendo?- pregunté, emocionado.
En eso, la pequeña joven abría lentamente los ojos. Sin demora, dijo con voz calmada:
-Um... me has salvado.... supongo. ¿Podrías decirme tu nombre?
No se andaba con rodeos, iba directo al grano. No lo tomé en cuenta en ese momento, lo único que acaecía sobre mi mente era darle un nombre. ¿Mi nombre real? Ni pensarlo, debía inventar algo nuevo... o no tan nuevo.
Desde siempre fui fanático de los MMORPG, por lo que estaba asimilando mi situación actual con bastante rapidez. Y en cuanto a mi nombre, fue realmente sencillo decírselo:
-Soy Zadkiel, un gusto. ¿Podrías explicarme dónde rayos estoy?- dije con una sonrisa de lado a lado, mientras disfrutaba cada segundo de aquella extraña situación.